Tortillas rellenas de pollo desmenuzado, bañadas en salsa roja de chile guajillo y gratinadas con queso. Un platillo clásico del centro de México.
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El utensilio esencial de la cocina mexicana. Tortillas, chiles, tomates — todo se tatema correctamente con calor uniforme y retención.
Las salsas hechas en molcajete saben distinto — más texturizadas y aromáticas. Vale la pena si cocinas mexicano regularmente.
Para tortillas hechas a mano. La prensa de hierro fundido da presión consistente; las de aluminio dan resultados desiguales.
Remoja los chiles en agua caliente 15 minutos. Licúa con tomate, ajo y sal.
Cuela la salsa. Calienta en una sartén hasta que hierva suavemente.
Pasa cada tortilla brevemente por la salsa caliente para suavizarla.
Rellena con pollo hasta que el pollo no quede rosa y los jugos salgan claros. Enrolla y coloca en un plato para horno.
Baña con el resto de la salsa. Cubre con queso.
Hornea a 180°C por 15 minutos hasta que el queso se derrita y burbujee.
Sirve con crema y cebolla en rodajas.
Para frijoles de la olla y pozoles auténticos. El barro aporta un sabor terroso característico que no se obtiene con acero.
Para fajitas, carnes asadas y huevos rancheros. Una sartén de hierro fundido bien curada dura generaciones.
Pack con chiles secos, comino, orégano mexicano. La diferencia entre 'mexicano-ish' y mexicano auténtico está en los chiles correctos.
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